{"id":11607,"date":"2020-06-15T19:51:04","date_gmt":"2020-06-15T22:51:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/?p=11607"},"modified":"2020-06-16T10:17:12","modified_gmt":"2020-06-16T13:17:12","slug":"como-se-narra-el-coronavirus-incertidumbres-e-historias-globales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/como-se-narra-el-coronavirus-incertidumbres-e-historias-globales\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo se Narra el Coronavirus? Incertidumbres e Historias Globales"},"content":{"rendered":"<p>Diego Armus |<a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/revista-enie\/ideas\/-narra-coronavirus-incertidumbres-historias-globales_0_ot977nECw.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">Clar\u00edn &#8211;\u00a0<em>Revista \u00d1<\/em> <\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">22 de abril\u00a0de 2020<\/p>\n<div id=\"attachment_10498\" style=\"width: 260px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/revista-enie\/ideas\/-narra-coronavirus-incertidumbres-historias-globales_0_ot977nECw.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-10498\" class=\"wp-image-10498 size-full\" src=\"http:\/\/www.revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/armus_diego_profile.jpg\" alt=\"\" width=\"250\" height=\"302\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-10498\" class=\"wp-caption-text\">Diego Armus es profesor de historia latinoamericana en el Swarthmore College, en Nueva York.<\/p><\/div>\n<p>Escribir y pensar una epidemia es mucho mas f\u00e1cil que vivirla. Donde sea, en Buenos Aires, Nueva York o Wuhan. Se trata de un evento p\u00fablico extraordinario de notable intensidad y dramatismo que pone al descubierto la distancia entre la experiencia individual y social y el modo en que se la narra. Al final de la segunda d\u00e9cada del siglo XXI, y con una abundancia que no pocas veces satura, se escribe, lee y escucha una epidemia en tiempo real. La urgencia y el miedo, los medios de comunicaci\u00f3n impresos, audiovisuales y digitales, y la propia din\u00e1mica de producci\u00f3n y circulaci\u00f3n de estos medios, todos ellos, invitan a narrarla.<\/p>\n<p>La coyuntura de la epidemia es nebulosa por excelencia. Y las muchas incertidumbres que reinan en ella parecen habilitar a quienes creen tener algo que decir, a quienes est\u00e1n -por los motivos que fueran- acostumbrados a opinar p\u00fablicamente, a quienes no titubean en hacer vaticinios de todo tipo. Proliferan, entonces, las narrativas. Son inevitablemente improvisadas y las mas de las veces sinceras y leg\u00edtimas.<\/p>\n<ol>\n<li>Narrativas<\/li>\n<\/ol>\n<p>Algunas epidemias del pasado nos dejaron relatos -impresiones- a la manera de diarios personales que buscaban dar cuenta de una experiencia personal que tambi\u00e9n era colectiva. Describen un mundo marcado por la incertidumbre. Nada mas. Ni nada menos.<\/p>\n<p>Con esta epidemia que estamos viviendo esos relatos no faltan pero parecen haber sido desplazados por otro tipo de narrativas. Hay de todo. Algunas son cautelosas. Otras son lecturas montadas sobre teor\u00edas conspirativas, o comentarios irresponsables, o reflexiones que por su audacia motivan dudas. Tambi\u00e9n abundan los diagn\u00f3sticos prospectivos sobre la econom\u00eda, la sociedad, la cultura, la vida cotidiana despu\u00e9s de la epidemia, el capitalismo, el post-capitalismo. La urgencia convoca a fil\u00f3sofos, ensayistas, cientistas sociales y economistas. En una notable variedad de tonos \u2013 dist\u00f3picos y ut\u00f3picos, apocal\u00edpticos y esperanzados, amateurs o mas o menos informados\u2013 tienden a subrayar que ya nada ser\u00e1 como lo conocimos. Esta proliferaci\u00f3n de interpretaciones tal vez tenga una de sus mas ambiciosas expresiones en la compilaci\u00f3n titulada \u201cSopa de Wuhan\u201d. Se trata de una docena y media de ensayos escritos en tiempo record en varios continentes. Compilados en marzo, han animado la reflexi\u00f3n de ensayistas locales que discuten, celebran o refinan esos muy arriesgados ejercicios de futurolog\u00eda o muy apresuradas afirmaciones. (No resisto pensar en el caso de uno de los autores, un fil\u00f3sofo por muchas razones muy reconocido en estos a\u00f1os, que se animaba a escribir en febrero -s\u00ed, febrero!!!- sobre la \u201cgripita\u201d que hab\u00eda tra\u00eddo el Covid-19. El t\u00edtulo de la antolog\u00eda tambi\u00e9n parece poco meditado, sugiriendo que el virus tiene nacionalidad. Son ejemplos de una cultura del apuro -constitutiva e inevitable en el periodismo- que en tiempos de epidemia ha penetrado de la mano de los medios digitales en otros \u00e1mbitos y circuitos mas lentos).<\/p>\n<p>Junto a estos intelectuales est\u00e1n, por supuesto, los opin\u00f3logos y tuiteros que, como la mayor\u00eda de la sociedad que no opina p\u00fablicamente, debieron hacer a las corridas cursos introductorios de epidemiolog\u00eda b\u00e1sica. Con esas precarias herramientas editorializan y comentan. Hace un par de semanas, un tuitero resum\u00eda lo que hab\u00eda dicho el celebrado fil\u00f3sofo \u2013\u201cno es mas que una gripita\u201d- y apenas una semana mas tarde, y estrat\u00e9gicamente desmemoriado, pontificaba que frente a la magnitud del desastre la salud p\u00fablica no pod\u00eda ser mas que impotente.<\/p>\n<p>Muy centradas en lo que vendr\u00e1 o en las urgencias tra\u00eddas por la epidemia, estas narrativas despliegan algunos temas recurrentes: cu\u00e1nto control y vigilancia y cu\u00e1nta libertad puede acarrear la post-epidemia; el rol del estado y del sector privado en la prevenci\u00f3n y gesti\u00f3n de la salud p\u00fablica; las limitaciones de las respuestas nacionales frente a problemas de la salud global; las desigualdades sociales frente al flagelo de la epidemia y frente a la golpeada econom\u00eda que deje la epidemia como herencia; los h\u00e1bitos cotidianos, en p\u00fablico y en privado.<\/p>\n<p>Mas all\u00e1 de sugestivas u ocurrentes preguntas o vaticinios, me parece que lo que tienen en com\u00fan casi todas estas narrativas es la incomodidad o incapacidad de lidiar con las incertidumbres de la coyuntura epid\u00e9mica. Le\u00ed una frase estos d\u00edas que, de alg\u00fan modo, lo sintetiza: \u201cel Covid-19 es un virus, la pandemia es la pobreza\u201d. Esta frase, sin duda sensible frente a uno de los mas acuciantes problemas contempor\u00e1neos, no termina de resaltar suficientemente que se trata de un virus desconocido, que circula y contagia con gran velocidad y que por ser nuevo est\u00e1 ba\u00f1ando de incertidumbres al mundo, en Oriente y Occidente, en el norte y el sur. A la pobreza, lamentablemente, la conocemos mucho mas.<\/p>\n<p>A diferencia de estas narrativas, los relatos personales s\u00ed le dan el lugar que merecen a las incertidumbres asociadas a una epidemia. Las vivencias de los enfermos o los que temen enfermarse, las de la gente com\u00fan -los an\u00f3nimos, los \u201ccelebridades\u201d, los que tienen el oficio de relatar la experiencia individual o colectiva sin editorializar- est\u00e1n saturadas de incertidumbres. Por distintas razones algo similar ocurre con los epidemi\u00f3logos, infect\u00f3logos y profesionales de la salud. Ellos saben y entienden que una epidemia -especialmente cuando se trata de una nueva epidemia- est\u00e1 marcada a fuego por incertidumbres biom\u00e9dicas y de salud p\u00fablica. Para ellos, la epidemia es todo presente, pero no para vislumbrar lo que vendr\u00e1 sino para identificar y utilizar en la neblina un arsenal de recursos escasos que a\u00fan deben probar su eficacia. Entre ellos hay debates e intercambios, y ellos saben que seguramente tarde o temprano todo lo que hayan hecho terminar\u00e1 politiz\u00e1ndose. Pero su foco es el virus y las medidas de salud p\u00fablica. Lo confieso: me gustar\u00eda que ellos -directamente o mediados por el periodismo informado y responsable- sean los que est\u00e9n en la tapa y en las secciones de opini\u00f3n de los diarios, en la televisi\u00f3n, en todos los medios.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li>Historia<\/li>\n<\/ol>\n<p>Cuando no se mira al pasado en clave anacr\u00f3nica \u2013 esto es, cuando se trata de evitar reconstruir e interpretar eventos de una \u00e9poca con la perspectiva y sensibilidades de otra- las incertidumbres est\u00e1n omnipresentes. No se me escapa que hay narrativas hist\u00f3ricas que olvidan que cada enfermedad es peculiar y \u00fanica y terminan hablando de epidemias en plural, estandariz\u00e1ndolas, ignorando lo que los historiadores tratan de hacer mejor -hablar, escribir y conjeturar tomando en cuenta un lugar y un tiempo espec\u00edficos, esto es, localizando la epidemia y evitando miradas trans-hist\u00f3ricas. En otras palabras: se trata de hablar de la epidemia de c\u00f3lera, de la influenza, del HIV-Sida, del dengue, del sarampi\u00f3n, del Covid-19. No de las epidemias, en plural. Cada epidemia es \u00fanica, resultante de un microrganismo y del modo en que una sociedad la confronta, reacciona e interpreta.<\/p>\n<p>Hace unos d\u00edas, una amiga formulaba esa pregunta que suele aparecer en momentos de crisis: Qu\u00e9 dice la historia? Soy de los que piensan que la historia no es escuela del presente, no da lecciones, y no puede definir una detallada hoja de ruta para evitar equivocaciones. Solo puede ofrecer lineamientos generales, esbozar un sentido de complejidad de la experiencia social e individual en el pasado.<\/p>\n<p>Las enfermedades y las epidemias son parte de la experiencia humana. Es cierto que algunas son evitables y es particularmente irritante cuando no se hace lo que se debe para evitarlas. Pero no es menos cierto que desde siempre las relaciones entre sociedad y medio ambiente han sido inestables. Muchas epidemias emergieron como resultado de un desequilibrio donde factores no humanos -como las mutaciones gen\u00e9ticas- o intervenciones humanas -como las alteraciones en el entorno medioambiental- se enhebraban con contextos sociales particulares. Los per\u00edodos marcados por las grandes migraciones humanas han intensificado los brotes epid\u00e9micos, no pocas veces recurrentes, sucesivos y asociados a diversos microorganismos. Fueron d\u00e9cadas en que se aceleraba la globalizaci\u00f3n del mundo. En las Am\u00e9ricas no es dif\u00edcil encontrarlos desde los tiempos de la conquista (aunque todo indica que no faltaron en los tiempos pre-colombinos). Pero en los siglos XVI y XVII, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX y en la actualidad, han sido particularmente ostensibles.<\/p>\n<p>En esta larga historia, y en tanto fen\u00f3menos sociales, las epidemias despliegan una suerte de dramaturgia que en l\u00edneas generales parece repetirse. Su primer acto consiste en la irrupci\u00f3n del brote epid\u00e9mico en un lugar, un espacio delimitado. Luego aparecen los empe\u00f1os por ignorarlo u ocultarlo. Cuando esto se ha revelado infructuoso, cuando el brote ya ha sido reconocido y aceptado, la epidemia se carga de significados y tensiones de todo tipo, tanto de car\u00e1cter individual como colectivo. Finalmente, y despu\u00e9s de hacer mas o menos estragos, el brote epid\u00e9mico se desvanece y el olvido lo transforma en una huidiza referencia del pasado.<\/p>\n<p>Una serie de t\u00f3picos son recurrentes en esta dramaturgia. Uno que nunca falta es el modo en que los contempor\u00e1neos buscan entender c\u00f3mo el mal pasa de una persona a otra y d\u00f3nde se ha originado -por lo general un lugar sucio. Pero hay muchos mas. Las respuestas pr\u00e1cticas -individuales y colectivas- para enfrentar el mal, entre ellas el escape de algunos de la zona infectada o el empe\u00f1o por aislarse tanto como se pueda del mundo exterior. Tambi\u00e9n las justificaciones y explicaciones que intentan darle sentido al flagelo, recurriendo a la identificaci\u00f3n de responsables, estigmatizando a supuestos portadores del mal, por lo general \u201cotros\u201d signados por su condici\u00f3n social, raza, etnia, religi\u00f3n, nacionalidad, g\u00e9nero, edad o lo que resulte mas \u00fatil (aunque tambi\u00e9n esos \u201cotros\u201d pueden reaccionar articulando sus propias explicaciones, marcando sus blancos en el poder pol\u00edtico de turno o en las elites que buscan terminar con ellos). Y, por supuesto, las pr\u00e1cticas religiosas que pueden ofrecer a los creyentes no solo sosiego y algo de calma frente al miedo y lo incomprensible sino tambi\u00e9n interpretaciones del flagelo como castigo o rituales destinados a exorcizar a ese enemigo invisible.<\/p>\n<p>Pero aun cuando estos y otros t\u00f3picos presentes de la dramaturgia han estimulado y estimulan la producci\u00f3n de narrativas que parecen ser casi universales y atemporales, lo cierto es que est\u00e1n cargados de particularidades que son propias de cada epidemia. All\u00ed est\u00e1n la identificaci\u00f3n del microorganismo espec\u00edfico que las dispara, el modo en que circula, la familiaridad, novedad, duraci\u00f3n y recurrencia del evento epid\u00e9mico, su geograf\u00eda mas o menos extensa, el medio ambiente y clima que facilitan su propagaci\u00f3n. Y, por supuesto, su socialmente diferenciado impacto puesto que la epidemia, aun teniendo v\u00edctimas potenciales en cualquiera, dista de ser democr\u00e1tica y siempre termin\u00f3 afectando mas a los mas vulnerables.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es espec\u00edfica la manera en que se combate al flagelo. La respuesta b\u00e9lica frente a un enemigo mas o menos invisible es recurrente pero fue diferente seg\u00fan se trate de enemigos conocidos para los que se pueden accionar recursos con mas facilidad, o de enemigos nuevos frente a los cuales reina la improvisaci\u00f3n, la ignorancia, la sorpresa. Esa respuesta b\u00e9lica se evapora o no termina de materializarse frente a ciertas enfermedades, reincidentes y conocidas pero alejadas de los centros de poder; entonces devienen en endemias, enfermedades evitables que han logrado instalarse, naturalizarse, en la vida de muchos, por lo general los mas pobres. Quiero decir: Cu\u00e1ndo una enfermedad deviene en epidemia? Cu\u00e1nto tiempo se necesita y con qu\u00e9 velocidad de propagaci\u00f3n se adquiere ese estatus en la agenda de la salud p\u00fablica? La epidemia de fiebre amarilla de 1871 fue corta; la tuberculosis estuvo omnipresente mas de medio siglo; el HIV-Sida pronto cumplir\u00e1 cuatro d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>El olvido tampoco es similar en todas las epidemias. Cuando una epidemia no fue recurrente suele perderse en el tiempo. De la pandemia de influenza de 1918 varias generaciones en el siglo pasado y el actual -y no importa su nivel educativo y el pa\u00eds- no ten\u00edan el m\u00ednimo registro hasta hace un par de semanas. Algo similar ocurre con la epidemia de polio, en los a\u00f1os cincuenta. La epidemia de SARS -otro virus corona que hizo estragos apenas una d\u00e9cada y media atr\u00e1s-, parece haber contribuido en algunos de los pa\u00edses que mas la padecieron a dar forma a una cultura de la cuarentena bien aceptada en el poder y en la sociedad que, sin embargo, no logr\u00f3 movilizar recursos para desarrollar un medicamento antiviral o una vacuna.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li>Incertidumbres<\/li>\n<\/ol>\n<p>No es dif\u00edcil seguir ilustrando con otros ejemplos la importancia de hablar de una epidemia y no de epidemias en general. Las particularidades -biol\u00f3gicas y socioculturales- de estos eventos remiten, otra vez, al tema de las incertidumbres. Como en el pasado, las estamos viviendo frente a la epidemia del Covid-19.<\/p>\n<p>La incertidumbre biom\u00e9dica es una de ellas. Con la revoluci\u00f3n pasteuriana en el \u00faltimo tercio del siglo XIX, pierden relevancia muchos de los recursos que por siglos acompa\u00f1aron la relaci\u00f3n de los individuos y las sociedades con las epidemias. Las supersticiones y creencias de todo tipo que permearon el modo en que las elites y la gente com\u00fan viv\u00edan las epidemias deja de ser lo que fue por siglos. En primer lugar, porque distintas instancias del estado se abocan a tratar de \u201cgobernar\u201d la crisis en nombre de lo que se daba en llamar la ciencia sanitaria, donde converg\u00edan nuevas tecnolog\u00edas, prejuicios sociales y vigilancia m\u00e9dica. Luego, porque con la consolidaci\u00f3n del saber y poder de nuevos expertos -los m\u00e9dicos y sanitaristas- se legitimar\u00e1n las acciones de salud p\u00fablica que con mas o menos velocidad terminaron modelando infinidad de aspectos de la vida p\u00fablica y la privada.<\/p>\n<p>La biomedicina se lanz\u00f3 a identificar invisibles microorganismos espec\u00edficos que por bastante tiempo invitaron a explicar las enfermedades de modo mono-causal: una germen, virus o bacteria, equival\u00edan a una enfermedad. Fue un triunfo menos contundente de lo que suele creerse puesto que identificar el microorganismo espec\u00edfico era un primer paso pero ello no significaba entender c\u00f3mo y a qu\u00e9 velocidad se propagaba, a quienes afectaba, por cu\u00e1nto tiempo, cu\u00e1nto enfermaba y cu\u00e1nto mataba y c\u00f3mo se lo combat\u00eda. Por eso, durante las epidemias las explicaciones biom\u00e9dicas de lo que estaba pasando distaban de ser suficientes. As\u00ed, se navegaba en un mar de creencias muy dispares -tradicionales, religiosas, cient\u00edficas- que compet\u00edan en entre s\u00ed y marcaban al poder pol\u00edtico que se propon\u00eda gobernar la crisis. En este contexto aparece la ret\u00f3rica b\u00e9lica contra el invisible microorganismo invasor y la necesidad de defenderse. Frente a el, la biomedicina despliega la idea y el recurso de la \u201cbala m\u00e1gica\u201d, la soluci\u00f3n puntual y efectiva que deber\u00eda terminar con la epidemia. En verdad, la historia de las enfermedades registra muy pocos casos de balas realmente m\u00e1gicas; la viruela es una de ellas, aunque fueron necesarias muchas d\u00e9cadas hasta que esa vacuna hizo posible erradicar completamente la enfermedad.<\/p>\n<p>Las incertidumbres biom\u00e9dicas exceden con creces la b\u00fasqueda de la bala m\u00e1gica. All\u00ed est\u00e1n el arsenal de posibles intervenciones -espec\u00edficas o no- destinadas a lidiar con la enfermedad, entre ellas las terapias y medicamentos para los cuales los protocolos cient\u00edficos de efectividad son inevitablemente lentos y deben enfrentar el dilema \u00e9tico de qu\u00e9 hacer con los enfermos dispuestos a probar con lo que haya disponible a los fines de curarse. En la historia de las enfermedades este es uno de los temas mas controvertidos, menos claros. Por lo general se carece de respuestas convincentes cuando se trata de evaluar la efectividad de una intervenci\u00f3n m\u00e9dica y su rol en el desarrollo de inmunidades colectivas, entre otras tantas razones porque en la adquisici\u00f3n de esas inmunidades tambi\u00e9n cuentan otros factores como las condiciones materiales de existencia. Puesto en esos t\u00e9rminos, la mono-causalidad alentada por la revoluci\u00f3n pasteuriana se revela poco convincente.<\/p>\n<p>En tiempos de epidemia a las incertidumbres biom\u00e9dicas se suman las incertidumbres de la salud p\u00fablica. No me refiero a las pol\u00edticas sociales que lidian con asuntos ya problematizados, bien o mal y propios de tiempos no epid\u00e9micos -asuntos como la pobreza, la accesibilidad a los servicios de atenci\u00f3n de la salud, la vivienda insalubre en un barrio insalubre que enferman. Me refiero, en cambio, a la gobernabilidad de la crisis tra\u00edda por la epidemia, a las medidas espec\u00edficas que deben tomarse para lidiar exitosamente con una emergencia que es tambi\u00e9n espec\u00edfica. Antes que ilustrar con ejemplos del pasado, de otras epidemias, solo se trata de seguir las noticias que, d\u00eda a d\u00eda, descubren la variedad de t\u00e1cticas e iniciativas para enfrentar al Covid-19: cu\u00e1ndo definir que esta epidemia es una prioridad que debe sumarse a otras epidemias ya existentes; cu\u00e1ndo limitar la llegada de extranjeros y de d\u00f3nde; qu\u00e9 controles imponer en puertos y aeropuertos; cu\u00e1ndo es el momento de los barbijos y los guantes; cu\u00e1nto coordinar con la comunidad internacional; hasta qu\u00e9 punto la pol\u00edtica de salud p\u00fablica frente a la epidemia logra opacar las mezquindades y grietas de la pol\u00edtica; qu\u00e9 priorizar: evitar la propagaci\u00f3n del contagio o buscar una cura; cu\u00e1nta y por cu\u00e1nto tiempo y cu\u00e1n estricto el distanciamiento social o la cuarentena; c\u00f3mo manejar las razones de la salud p\u00fablica y las de la econom\u00eda -en el sector p\u00fablico, el privado, en el empleo formal y el informal; cu\u00e1n centralizado debe ser el gobierno de la crisis. Es innecesario seguir ilustrando la magnitud, trascendencia y complejidad que acarrea intentar gobernar la crisis de la epidemia. Por la brutal mazmorra que impone la disponibilidad de recursos limitados. Por las incertezas sobre cu\u00e1l es la agenda que promete mejores resultados. Por eso, frente al mismo Covid-19 se despliegan una notable variedad de estrategias nacionales -la china, la neozelandesa, la surcoreana, la italiana, la japonesa, la argentina- que a veces, como en el caso de Estados Unidos es cuestionada por los estados provinciales.<\/p>\n<p>Y no debe sorprender que en tiempos de incertidumbres biom\u00e9dicas y de salud p\u00fablica proliferen explicaciones conspirativas, como la que atribuye a la tecnolog\u00eda del 5G la producci\u00f3n de ondas que le facilitan al virus el trabajo de contagiar. Es solo una de las tantas.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li>Legados<\/li>\n<\/ol>\n<p>Por fin, y aunque la lista puede seguir, una \u00faltima incertidumbre. La del legado de la epidemia. No me refiero a la muerte y desolaci\u00f3n que acarrea. O al modo en que se evaluar\u00e1 lo que se hizo o se pudo haber hecho para gobernarla -un ejercicio siempre dif\u00edcil, por el riesgo de mirar ese evento extraordinario cuando el evento ya pas\u00f3, sin tomar en cuenta las incertidumbres que lo saturaban mientras se desenvolv\u00eda. Tampoco me refiero a esas especulaciones articuladas a las apuradas, que ven en el Covid-19 un parteaguas, el evento decisivo que marca un futuro distinto al actual -eso de \u201cya nada ser\u00e1 igual\u201d.<\/p>\n<p>Me refiero a otro tipo de legados: Una revalorizaci\u00f3n de la salud p\u00fablica a nivel nacional? Un nuevo consenso internacional frente a las pr\u00f3ximas pandemias? Ojal\u00e1. Pero la historia de las epidemias revela un balance mucho mas variado y tambi\u00e9n mas modesto en materia de legados directamente derivados de la epidemia. Quienes estudiaron la devastadora influenza de 1918 en Estados Unidos dicen que esos legados no fueron tantos, y tal vez el mas importante, el uso del distanciamiento social como efectiva medida de contenci\u00f3n, qued\u00f3 r\u00e1pidamente archivado en los muy din\u00e1micos y expansivos a\u00f1os veinte. Al despuntar el siglo XXI la epidemia del SARS logr\u00f3 generalizar en muchos lugares del mundo la pr\u00e1ctica de taparse la boca no con las manos sino con el interior del codo cuando se tose; tambi\u00e9n logr\u00f3 haber entrenado a unos pocos pa\u00edses de extremo oriente a responder con rapidez frente a un eventual brote epid\u00e9mico. Son ejemplos, diversos pero muy modestos.<\/p>\n<p>Este Covid-19 es un virus que nos visita por primera vez y sobre el que todav\u00eda se sabe muy poco. Lo hace como pandemia, en una \u00e9poca donde el mundo est\u00e1 tremendamente comunicado y a una notable velocidad. No es la primera epidemia en los tiempos de masiva circulaci\u00f3n en avi\u00f3n ni la primera que ocurre en tiempos de notables movimientos de poblaci\u00f3n y de calentamiento global. Es la primera pandemia en los tiempos de Twiter, Facebook, Zoom, \u201cfake news\u201d y los blogs, de la telemedicina, de la violencia dom\u00e9stica y de g\u00e9nero que siguen haciendo titulares. La primera que en algunos pa\u00edses tal vez logre difundir la costumbre de lavarse las manos con cuidado y mucha frecuencia, que el uso del barbijo deje de ser un exotismo oriental, que los gobiernos establezcan la salud colectiva como prioridad de estado y de ese modo enfrentar las incertidumbres de futuras nuevas epidemias con mas y mejores recursos. Tal vez, puesto que el presente y el futuro no son muy buenos alumnos del pasado.<\/p>\n<p>En medio de un mar de incertidumbres de todo tipo, esta epidemia est\u00e1 siendo narrada desde infinidad de perspectivas. (Esta misma nota es parte de esa proliferaci\u00f3n). Algunas de estas narrativas son tan generales que pueden leerse como apenas algo mas que ecos de lo que Tuc\u00eddides escribi\u00f3 sobre las epidemias de una Grecia cl\u00e1sica en crisis. Por eso son incapaces de navegar las incertidumbres. Las narrativas mas enfocadas \u2013 las que cuentan la experiencia individual y colectiva as\u00ed como el registro de los epidemi\u00f3logos y los profesionales de la salud- est\u00e1n localizadas y no le escapan a las incertidumbres. Transmiten la resiliencia necesaria para tolerarlas mientras viven con ellas o mientras esbozan respuestas mas o menos eficaces para controlarla.<\/p>\n<p>Cuando esta pesadilla haya terminado -de la mano de terapias y vacunas eficaces o por haberse logrado la inmunidad colectiva necesaria- habr\u00e1 tiempo suficiente para la reflexi\u00f3n detenida, la que no est\u00e1 marcada por la urgencia, la improvisaci\u00f3n, el temor y otras tantas cosas. Esperemos que entonces podamos discutir el Covid-19 como una epidemia del pasado reciente, espec\u00edfica y en sus dimensiones biol\u00f3gicas, medioambientales, culturales y pol\u00edticas.<\/p>\n<p>M\u00e1s sobre Hist\u00f3ria y Covid-19:<\/p>\n<p>https:\/\/youtu.be\/060E67hrwiA<\/p>\n<p>https:\/\/youtu.be\/LZi0ksC6uwc<\/p>\n<p>Diego Armus\u00a0en Manguinhos:<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/eugenesia-en-buenos-aires\/\">Eugenesia en Buenos Aires<\/a>\u00a0\u2013 Diego Armus se detiene en el problema de la esterilizaci\u00f3n y regulaci\u00f3n del matrimonio de quienes padec\u00edan de tuberculosis en Buenos Aires durante la primera mitad del siglo XX.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/sobre-la-historia-del-habito-de-fumar\/\">Sobre la historia del h\u00e1bito de fumar<\/a>\u00a0\u2013 Diego Armus describe su investigaci\u00f3n sobre la criminalizaci\u00f3n de un h\u00e1bito que durante d\u00e9cadas estuvo culturalmente celebrado.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/cuando-los-enfermos-se-organizan-protestan-y-hasta-hacen-huelgas\/\">Cuando los enfermos se organizan, protestan y hasta hacen huelgas<\/a>\u00a0\u2013 En una conferencia en la Fiocruz, el investigador Diego Armus reflexion\u00f3 sobre la perspectiva del enfermo en la historia de la medicina.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/la-ciudad-impura\/\">La ciudad impura<\/a>\u00a0\u2013 El libro reconstruye una historia social de la tuberculosis en la Ciudad de Buenos Aires entre 1870 y 1950, analizando el modo en que la enfermedad atraves\u00f3 la vida p\u00fablica y la vida privada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una nota publicada en el diario Clar\u00edn el 22 de abril, el historiador Diego Armus analiza las incidencias pol\u00edticas, culturales y sociales de la peste. <\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":5148,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_price":"","_stock":"","_tribe_ticket_header":"","_tribe_default_ticket_provider":"","_tribe_ticket_capacity":"0","_ticket_start_date":"","_ticket_end_date":"","_tribe_ticket_show_description":"","_tribe_ticket_show_not_going":false,"_tribe_ticket_use_global_stock":"","_tribe_ticket_global_stock_level":"","_global_stock_mode":"","_global_stock_cap":"","_tribe_rsvp_for_event":"","_tribe_ticket_going_count":"","_tribe_ticket_not_going_count":"","_tribe_tickets_list":"[]","_tribe_ticket_has_attendee_info_fields":false,"footnotes":""},"categories":[1618,4],"tags":[1172,572,753],"class_list":["post-11607","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-coronavirus-and-history","category-highlights","tag-buenos-aires","tag-diego-armus","tag-swarthmore-college"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11607","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11607"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11607\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11617,"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11607\/revisions\/11617"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5148"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11607"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11607"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistahcsm.coc.fiocruz.br\/english\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11607"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}